Con la llegada del buen tiempo, apetece más que nunca salir a pasear con nuestros perros, disfrutar del campo, de los parques y de las zonas verdes. Y para ellos, correr entre la hierba es uno de los mayores placeres.
Pero hay un pequeño enemigo silencioso que aparece sobre todo en primavera y verano y que puede convertirse en un problema serio: las espigas.
Aunque parezcan inofensivas, las espigas pueden llegar a provocar lesiones importantes en perros (y también en gatos), por eso es importante saber dónde se encuentran, cómo afectan a nuestras mascotas y qué hacer si sospechamos que una se ha clavado.
¿Qué son las espigas y por qué son tan peligrosas?

Las espigas son las semillas secas de algunas gramíneas. Tienen forma alargada y puntiaguda, y están diseñadas para engancharse al pelo o a la ropa… y así dispersarse.
El problema es que, una vez se clavan en el cuerpo de la mascota, no salen solas. Al contrario: tienden a avanzar hacia el interior, provocando infecciones, abscesos y mucho dolor.
Por eso, algo tan pequeño puede acabar convirtiéndose en una visita urgente al veterinario.
¿Dónde suelen clavarse las espigas?
Las espigas pueden introducirse en varias partes del cuerpo, especialmente en:
- Orejas, provocando sacudidas constantes de cabeza y dolor.
- Nariz, causando estornudos repetidos, a veces con sangre.
- Ojos, generando irritación, enrojecimiento y lagrimeo.
- Entre los dedos de las patas, formando bultos dolorosos o heridas.
- Axilas e ingles, zonas con piel más fina y vulnerable.
- Zona genital, especialmente en machos, por el contacto con la hierba.
En algunos casos, la espiga no se ve a simple vista, pero el problema sigue avanzando por dentro.
Zonas que conviene evitar en época de espigas
Durante la primavera y el verano, es recomendable extremar precauciones en:
- Caminos rurales con hierba seca.
- Campos sin segar.
- Bordes de carreteras.
- Zonas de descampados.
- Parques con áreas poco cuidadas.
Si sabes que en tu zona hay muchas espigas, es mejor optar por rutas más limpias o parques con mantenimiento frecuente, especialmente si tu perro tiene el pelo largo o espeso.
Señales de alerta: cuándo sospechar que hay una espiga
Estar atentos al comportamiento de nuestra mascota es clave. Algunas señales típicas son:
- Cojera repentina o lamido constante de una pata.
- Sacudidas continuas de la cabeza.
- Estornudos intensos y repetidos.
- Ojo rojo, cerrado o con secreciones.
- Dolor al tocar una zona concreta del cuerpo.
- Bultos que aparecen de forma rápida.
Si notas alguno de estos síntomas tras un paseo por zonas con hierba, es muy posible que una espiga esté detrás del problema.
¿Qué hacer si crees que tu mascota tiene una espiga?
Lo más importante: no intentar extraerla si no está claramente visible y accesible. Manipularla puede hacer que se rompa y avance más hacia dentro.
Lo recomendable es:
- Revisar bien el cuerpo tras cada paseo, especialmente patas, orejas y axilas.
- Si ves la espiga superficial y puedes retirarla con facilidad, hazlo con cuidado.
- Si no la ves claramente o hay dolor, inflamación o sangrado, acude al veterinario lo antes posible.
Cuanto antes se retire, más sencillo será el tratamiento y menor el riesgo de complicaciones.
Prevención: pequeños gestos que marcan la diferencia
Evitar por completo las espigas no siempre es posible, pero sí podemos reducir mucho el riesgo:
- Cepilla y revisa a tu perro después de cada paseo.
- Mantén el pelo de patas, orejas y axilas bien recortado en épocas de riesgo.
- Evita zonas con hierba seca y espigas visibles.
- Usa rutas alternativas durante los meses más críticos.
Estos pequeños hábitos pueden ahorrarte sustos, visitas de urgencia y, sobre todo, mucho malestar a tu peludo.
Porque cuidar también es anticiparse
Las espigas son uno de esos peligros que muchos dueños no conocen hasta que les toca vivirlo. Y cuando pasa, suele ser de forma rápida e inesperada.
Informarte, revisar a tu mascota y elegir bien las zonas de paseo es una forma más de demostrar cuánto te importa su bienestar. No se trata de dejar de disfrutar del aire libre, sino de hacerlo con un poco más de atención y prevención.
En ParaPatitas creemos que la tranquilidad también forma parte del cuidado. No podemos evitar todos los imprevistos, pero sí podemos estar preparados y actuar rápido cuando algo no va bien.
Porque al final, quererlos también es protegerlos de esos pequeños peligros que, aunque no se vean, pueden hacerles mucho daño. Y su salud, comodidad y felicidad siempre merecen ese extra de cuidado.
Por Cindy Bustillo